La COB fue un agente sindical del MAS. De su resistencia al neoliberalismo en las masacres de 2003 pasó a ser una agencia “revolucionaria” al servicio del régimen. Pasó, por ende, de ser una organización históricamente contestataria al modelo político-económico vigente a convertirse en un pilar ideológico del MAS.
¿Ideológico? No, no fue solo un apoyo ideológico, sino un sistema de cooptación institucional y de beneficios directos para la cúpula dirigente. El MAS ofrecía sedes, vehículos, cargos públicos y blindaje legal y, a cambio, la COB ofrecía lealtad política, control de las bases sociales y el uso de la fuerza sindical para la defensa gubernamental.
La COB entró, a paso de corcel, en el radar del clientelismo político más perverso. En ciencia política, esto describe una relación donde la autonomía de esta organización del “pueblo” se intercambia por jugosos beneficios materiales, cuotas de poder e impunidad legal. ¿Sucedió aquello? Sin dudas. Los datos son elocuentes: de un presupuesto acumulado de aproximadamente $us 5.000 millones de los últimos cinco a seis años en la Caja Nacional de Salud en manos de la COB –la segunda institución con más plata en sus cuentas después de YPFB–, el 45% se destinó a pagos en personal administrativo y un 65% en gasto en salarios, mientras la ejecución en hospitales, camas de hospital, material médico y demás rondó el 35% restante.
El promedio es alarmante: 2/3 del dinero público de la Caja Nacional de Salud se fue en sueldos y 1/3 restante en el pago de los “requisitos” médicos indispensables. ¿Resultado? La paradoja más alarmante: mientras más dinero recibía la Caja peor era el servicio. La razón es simple: el incremento presupuestario alimentó la red de prebendas y no la capacidad médica. Ergo: los pacientes morían y mueren por falta de un tomógrafo que cuesta un millón de dólares, pero los dirigentes engordan a lo bestia.
¿La prueba? Los salarios fueron obscenos: una plantilla de no más de 50 dirigentes se embolsillaba $us 18 millones de dólares anuales con pagos que van desde los $us 15 a 65 mil. ¿Es todo? No, para ser más precisos, el dinero de la Caja engordó a una burocracia putrefacta –una verdadera oligarquía–, facilitó la adquisición de insumos médicos con sobreprecios enormes y “durmió” los recursos públicos a fin de esperar licitaciones amañadas que abultaran sus bolsillos.
Jugaron con la vida a costa de dinero fácil. ¿Cuál fue el mérito para contar con esos recursos como un bien privado? Gritar en las calles, abrazar al “hermano campesino (Evo Morales)”, amenazar a la oposición y, simultáneamente, festejar la inauguración de su hotel, la entrega de muchas movilidades, la distribución de viajes y viáticos (todos bienes que habría que nacionalizar).
Para colmo, se aprovecharon de las comisiones entregadas por la Gestora. Sabemos que ésta –la Gestora– superaba ya en enero de 2025 los $us 27.885 millones de ahorro, aunque al menos 8.700 millones se destinaron a arcas gubernamentales. Ese enorme montó financió ¿campañas electorales?, ¿almuerzos de Quintana y Linera?, ¿niñas contratadas para el jefe?, ¿la hacienda de los hijos de Arce? No lo sabemos, pero sí sabemos que el dinero de la jubilación rendía sus frutos con la aquiescencia de la COB.
Ergo: se “divirtieron” con los regalos recibidos y, sobre todo, “gozaron” a costa de la salud de los bolivianos y, lo que es peor, violentaron la dignidad de los ancianos. La COB, por ende, dejó de producir valor para sus bases como mejores salarios y mejores hospitales y se dedicó, alevosamente, a capturar rentas del Estado. Se convirtió en una «facción extractiva».
El extractivismo criticado al manejo de los recursos naturales fue un “extractivismo estatal” al servicio de la COB. Un extractivismo, valga la redundancia, de los recursos estatales. Una COB adicta, pues, a ese lucro e incapaz de criticar los errores del gobierno, la mala gestión económica y la corrupción infiltrada.
Vivía del favor estatal. ¿Por qué? Porque ella misma fue parte del festín de los recursos de todos los bolivianos. La corrupción cobista no fue la excepción, fue la regla que alimentó al modelo y lo encumbró hasta el desastre indudablemente previsible: la plata del gas no iría a durar por siempre y, al escasear, era obvio este final de “arañazos” del presente.
Hoy no le piden al gobierno de Paz la anulación del Decreto 5503 por “amor al pueblo” (eso no significa no querer debatir aspectos criticables de la mentada norma). No, lo que quieren es arañar y seguir arañando el cofre de dólares que les regaló el MAS. Lo que quieren es contentar a su cúpula oligárquica revolucionaria sólidamente asentada en el poder en los últimos veinte años.
Defender a la COB es defender al MAS, sólo que disfrazados con rostro de reivindicación social. No nos engañemos: son los aliados más prósperos de la quiebra del país. Cuando Evo tenía a su novia en CAMCE, cuando un grupo oligárquico de asaltantes se aprovechaba del Fondo Indígena, cuando la sede de UNASUR era copada por vendedores de maní y cuando un largo etcétera de iniquidades ocurría, la COB no apareció. No lo hizo nunca. No había tiempo. Contar tanto dinero los dejaba exhaustos.
- DIEGO AYO SAUCEDO
- Politólogo e Investigador Social
- *NdE: Los Textos Reproducidos En Este Espacio De Opinión Son De Absoluta Responsabilidad De Sus Autores Y No Comprometen La Línea Editorial Liberal Y Conservadora De VISOR21


