La Capilla Sixtina del Vaticano se embellece. Durante tres meses se hará un manteniemiento extraordinario del “Juicio Final” y de la “Creación de Adán” de Miguel Angel. Después de treinta años de la “restauración del siglo” que reveló los brillantes matices de la “obra maestra” del genio italiano, era hora de una limpieza total lo dijo el Laboratorio de Restauración en un comunicado de la oficina de prensa de los Museos del Vaticano.
Se hizo necesaria la limpieza por la presencia de una “neblina blanquecina generalizada” debido a la deposición de micropartículas de sustancias extrañas transportadas por el aire que con el tiempo atenuaron los contrastes de claroscuro y uniformalizaron los colores originales del fresco.
La capilla Sixtina se construyó entre el 1473 y 1481 bajo el pontificado de Sixto IV a quien debe su nombre. Mide 40.50 metros de largo 14 de ancho y es alta 22 metros.
Papa Clemente VII en 1533 encargó a Miguel Angel un joven escultor y pintor que había demostrado su talento dejando en San Pedro a sólo 22 años una conmomedora estatua “La Piedad” conocida en todo el mundo, un fresco en la capilla apenas remodelada. Clemente no pudo ver el inicio de los trabajos por su repentino fallecimiento, las obras iniciaron bajo el Pontificado de Pablo III que también falleció sin ver la obra. Fue el Papa Julio II che vió en él la persona capaz de renovar el viejo techo de la capilla y proyectar una suntuosa tumba de colocarse debajo de la cúpula de San Pedro y una pintura al fresco en la bóveda. Miguel Angel tardó cuatro años en pintar, empezó en 1508 y la terminó en 1541, cuenta con más de 391 personas humanas albergadas en el “Juicio Final” y en “La creación de Adan”. El fresco cubre 180 metros cuadrados de superficie pintada.
La Capilla Sixtina no es solo una obra de arte, sino un sitio declarado “Patrimonio de la Humanidad” que sigue inspirando artistas, creyentes y visitantes de todo el mundo. Cada detalle, desde el más pequeño querubín hata las grandiosas figuras del Génesis, narra una historia de genio artístico, fe religiosa y ambición humana.
Visitarla supone un viaje a través de cinco siglos de historia, arte y espiritualidad, una experiencia que deja una huella imborrable en quien contempla esa bóveda que Miguel Angel transformó en una ventana al mundo. En un mundo cada vez más digital, nos recuerda el poder del arte creado por la mano del hombre, capaz de conmover el alma a través de su belleza pura y perdurar en el tiempo como testimio eterno del genio humano.
- RODOLFO FAGGIONI
- PERIODISTA Y CORRESPONSAL EN ITALIA. MIEMBRO EFECTIVO DE PRENSA INTERNACIONAL
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