Es realmente preocupante ver el nivel político actual; en vez de contar con liderazgos nuevos y con ideas claras, contamos con liderazgos paupérrimos, con nula visión de país o con reciclaje político. Todo esto explica la pésima situación política. Si bien la llegada de un nuevo gobierno y el fin de 20 años de masismo es algo positivo, aún faltan muchos factores para que Bolivia esté en una situación óptima.
Uno de estos factores es el fin de los “falsos políticos” y el surgimiento de nuevos liderazgos y partidos políticos que sí cuenten con una visión de país establecida y tengan bien definidas sus posturas políticas e ideológicas. Ya no podemos seguir con el reciclaje político y con liderazgos que ni siquiera cuenten con una visión de país definida. La mejor palabra para definir la política boliviana es mediocre, y urge que aparezcan nuevas ideas y posturas, no solo por el bien de la democracia y del debate político, sino también por el bien de la nación.
Los nuevos partidos políticos deberían enfocarse no solo en temas económicos y políticas de corto plazo, sino en buscar resolver los grandes problemas estructurales de la nación. Bolivia es un país que cuenta con todas las potencialidades para ser no solo un país desarrollado, sino una potencia regional, que es a lo que deberíamos optar. Empero, hay grandes problemas estructurales provenientes de hace siglos atrás que no nos dejan progresar realmente y que, gracias a 20 nefastos años de socialismo, se han incrementado.
Como ya lo dije múltiples veces, el gran problema estructural del país es que no cuenta con una identidad nacional definida y que, en 200 años de existencia, nuestro país no se ha podido consolidar como nación. Es imperativo trabajar en la consolidación de la nación boliviana, una que existe, pero que por múltiples factores y por la maldad de múltiples políticos, no ha podido consolidarse definitivamente. Basta de que los bolivianos se vean como rivales y de que se prioricen los intereses regionales o sectoriales antes que los intereses nacionales. No se puede seguir bajo esta lógica y creo que el bicentenario es un buen momento para empezar a cambiar no solo el rumbo de la política nacional, sino de la historia del país.
Bolivia, como dije, tiene todo para consolidarse como nación; cuenta con los factores necesarios y no tiene las limitaciones que tienen otros países. Bolivia nace a través del mestizaje de culturas y con la decisión de ser un país independiente, sin anexarse ni al Perú ni a la Argentina. De igual forma, se cuenta con una religión dominante como es el cristianismo, que es parte importante de la historia del país.
Son más las cosas que nos unen como bolivianos que las que nos separan. Dejemos atrás esos discursos burdos de plurinacionalidad y enfrentamiento para optar por discursos de unidad nacional y de fortalecimiento de la nación. Bolivia necesita partidos políticos y líderes que estén dispuestos a pensar a largo plazo, solucionar los grandes problemas estructurales, pero también a optar por políticas ambiciosas tanto en términos económicos como en términos geopolíticos. Es ridículo y vergonzoso continuar por el camino actual, que no nos ha llevado más que a una situación paupérrima y con una visión de país pobre.
Es momento de impulsar el nacionalismo boliviano; es la única postura política capaz de salvar a Bolivia de la hecatombe actual. Es momento de consolidar a la nación boliviana y que todos nos sintamos plenamente bolivianos, y que acabemos con los discursos de odio y división. Es momento de que el nacionalismo boliviano concluya lo que en su momento intentó la gloriosa Generación del Chaco. Pero, sobre todo, es momento de cambiar nuestra mentalidad actual y optar por una que sea ambiciosa y que busque no solo un crecimiento económico, sino político y geopolítico que nos permita por fin ocupar nuestro puesto como potencia regional.
- FABIÁN FREIRE
- Escritor. Estudiante de Ciencias Jurídicas. Columnista en El Diario.
- *NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21


