El miedo de los progresistas a la libertad de expresión que promete Elon Musk en Twitter

La libertad de expresión es buena, siempre y cuando se parcialice a favor de una ideología. Esa parece ser la premisa de algunos voceros, figuras políticas y organizaciones que ven con temor cómo Twitter podría transformarse en un espacio que permita la verdadera participación. El empresario Elon Musk solo adelantó que garantizará este derecho. Pero lo que ocurrió después ha sido una avalancha desmedida de voces progresistas que exigen la aplicación de regulaciones sobre las redes sociales.

No hubo mayor escándalo cuando en abril de 2012 Mark Zuckerberg absorbió Instagram. Tampoco cuando Google compró YouTube en 2006. Mucho menos hubo revuelo cuando Zuckerberg compró WhatsApp en 2014 para continuar erigiendo su imperio de redes sociales. Sin embargo, el pandemonium se desató cuando el multimillonario dueño de Tesla compró Twitter. Ahí residen los contrastes, cuando quien protagoniza la historia se define a sí mismo como un «absolutista de la libertad de expresión».

La Casa Blanca, Hillary Clinton, la senadora Elizabeth Warren, un activista de Black Lives Matter y hasta Amnistía Internacional dicen sentirse «preocupados». Según Jen Pski, el presidente de EE. UU. Joe Biden «ha estado preocupado durante mucho tiempo por el poder de las grandes plataformas de redes sociales». Por eso ahora arrecian su pedido. El foco está en la la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones de 1996, la cual exime a las plataformas de lo que publican sus usuarios. La quieren reformar porque ya no va acorde a sus pretensiones.

Por su parte, Musk está consciente de la reacción exacerbada que generó. «La reacción extrema de anticuerpos de quienes temen la libertad de expresión lo dice todo», escribió.

Más leyes para evitar la libertad de expresión en Twitter

Una y otra vez la retórica de «preocupaciones» y «peligros» se repite entre figuras liberales y «wokeistas». No detallan en qué se basan, solo encienden alarmas. Tal como lo hace la senadora demócrata Elizabeth Warren que ha sido especialmente crítica con Elon Musk. Impuestos, libertad de expresión en Twitter, la funcionaria de 72 años lo objeta todo. «Este acuerdo es peligroso para nuestra democracia», escribió —irónicamente— en Twitter. Hillary Clinton y el expresidente Barack Obama ya habían pedido días antes afincar el tema de las regulaciones.

Otros han sido más radicales porque la idea de verdadera libertad les incomoda. Como Shaun King, activista de Black Lives Matter. La justificación que usó fue que «no se trata de izquierda contra derecha. Se trata del poder blanco». Acto seguido se habló de que se había desconectado permanentemente de la plataforma, aunque volvió a aparecer.

La escalada la marcaron en paralelo grupos de derechos humanos. Amnistía Internacional asumió que bajo la propiedad de Musk, la plataforma podría hacer «la vista gorda ante el discurso violento y abusivo contra los usuarios». Deborah Brown, defensora de Human Rights Watch declaró a Reuters que “la libertad de expresión no es un derecho absoluto». Probablemente tiene razón, pero debería acotárselo a la Junta Directiva cuando estuvo bajo las órdenes de Jack Dorsey. Él mismo admitió haber censurado el flujo de información previo al asalto al Capitolio el 6 de enero de 2020.

«Los tiranos están de duelo»

El presentador de Fox News, Tucker Carlson, es uno de los casos más recientes de cómo Twitter ha sido todo, menos neutral. Él pasó por una suspensión temporal por recordar que Rachel Levine, actual subsecretaria de Salud de EE. UU. y transgénero, es en realidad un hombre biológico.

“Un Twitter libre significaría un desafío directo a las personas a cargo de las instituciones de nuestro país, muchas de las cuales son incompetentes”, dijo. Certeras palabras que resumen por qué hay tantas incomodidades desde colectivos progresistas y políticos demócratas.

“Por primera vez en años podremos hablar honestamente sobre nuestros líderes. Podremos tener el tipo de conversaciones que hacen posible la democracia”.

Si se cumplen las palabras de Elon Musk sobre la libertad de expresión en Twitter, atrás quedará la cancelación de las voces que difieren de la agenda woke o de las que publican información incómoda sobre líderes demócratas. «Esta noche, los tiranos están de duelo», agregó.

El temor de la Unión Europea

Pero las regulaciones, ahora que Twitter se avizora como una plataforma para el libre pensamiento, van más allá de EE. UU. En Europea días atrás hubo un acuerdo político sobre la nueva Ley de Servicios Digitales (DSA) para que redes sociales moderen su contenido. Es supuestamente una forma de evitar «la desinformación».

Facebook y Youtube entran en este paquete aunque sorprendentemente hubo un llamado de atención bastante específico para el dueño de Tesla. «Elon, hay reglas. No son sus reglas las que se aplicarán aquí’”, declaró Thierry Breton, comisionado de la UE. Resulta evidente que el organismo quiso adelantarse a la venta de Twitter.

Entonces, lo que se puede concluir es que el miedo efectivamente reina ante un discurso de libertad genuina. Pero tal ha sido el manejo de la retórica de grupos progresistas que empleados de Twitter ahora publican lamentos por tener a partir de ahora a Elon Musk como jefe.

//FUENTE: PANAM POST//