ANDRÉS GÓMEZ

Vladímir Vladímirovich Putin es cetrino y bajo: 1.70 si tomamos en cuenta el promedio de estatura de su país: 1,76. Su mirada connota que es más frío que un reptil. Aparenta menos años de los que ya acumuló. El próximo 7 de octubre cumplirá 70, de los cuales 22 está al mando de la Federación de Rusia.

En todo momento, construyó una imagen de hombre fuerte (literal), pero es percibido como un fanfarrón. Un día, a sus 60 años, se puso un ala delta para orientar en la dirección que debían seguir en su migración una bandada de grullas siberianas que parecían perdidas. Se fotografió con el torso desnudo y un pez coleando en su mano derecha tras ensartarlo con una ballesta. Cuando pudo, demostró su destreza en el judo; dio la mano a un oso polar; disparó un rifle de dardos contra un tigre solitario.

Putin no es comunista, ni socialista, ni izquierdista, ni derechista. Es un político que cultiva un nacionalismo que raya en el nazismo con puntos camaleónicos y un discurso  que culpa a “Occidente” de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), a la que quiere resucitar desde que gobierna Rusia. Sueña con una URSS sin comunismo, sino con un Pedro el Grande encarnado en él mismo.

No es demócrata aunque en el sistema político donde se regodea hay una oposición, pero es una oposición seleccionada a su medida. Cuando detecta un opositor en serio, lo aplasta con su maquinaria mediática de la mentira o con su poder judicial, o, finalmente, lo envenena con novichok y lo manda a la cárcel. “No tengo ninguna duda de que Putin ordenó envenenarme”, acusó el opositor ruso Alexéi Navalni, en diciembre de 2020, encarcelado por Putin por sobrevivir de milagro al veneno.

En las últimas elecciones, septiembre de 2021, el autócrata ruso obtuvo el 50% de respaldo en medio de informes sobre supuestos casos de introducción masiva de votos en las urnas y de electores a los que se obligó a votar. No se pudo saber más sobre estas denuncias de fraude porque en la Rusia de Putin no hay medios de comunicación independientes, no hay contrapoderes ni formales, ni fácticos. Por tanto, no hay derecho a la información ni libertad de expresión.

 

Putin no es comunista, pero aplica bien el manual de totalitarismo de Stalin. Las personas que se animen a criticarlo corren el grave riesgo de ser encarceladas por cargos dudosos o asesinadas en circunstancias sospechosas tras ser expuesto al escarnio, a la calumnia, a la difamación y a la injuria públicas.

En menos de dos décadas, ha erigido una imagen de ser el hombre más poderoso del Mundo. ¿Por qué? La respuesta la dio en 2015 la revista Forbes: “Putin continúa demostrando que es uno de los pocos hombres en el mundo suficientemente poderoso para hacer lo que quiera y salirse con la suya”.

En suma, es el hombre más poderoso del Mundo porque puede hacer lo que le venga en gana y de forma impune. Ostentó este “título” durante cuatro años consecutivos.

“Se han impuesto sanciones internacionales en su contra después de que tomó Crimea y está luchando una guerra ‘por poder’ en Ucrania, que han puesto de rodillas al rublo… pero no le han hecho nada a Putin”, escribió la revista Forbes.

Es tan poderoso que el republicano Donald Trump, presidente (nada más ni nada menos que) de EEUU hasta el año pasado, le debe el cargo a Putin que ordenó a los hackers rusos una campaña de desinformación a través de las redes sociales hasta inclinar la balanza en contra de su adversaria demócrata Hilary Clinton.

El invasor ruso desarrolló el ejército cibernético más efectivo del mundo. Por ello, fue acusado de desestabilizar a otros países (de Occidente) para consolidar su creciente poder. Además de intervenir en las elecciones de otros estados, fue sindicado de robar información clasificada del Pentágono, de bloquear el internet de Georgia mientras lo invadía.

En resumen, Putin tiene poder en el mundo virtual y en el mundo real. Con la invasión a Ucrania no quiere dejar ninguna duda de que es el hombre más poderoso que existe, en este momento, en el planeta Tierra. Pero todo poderoso tiene un talón de Aquiles. El de Putin es el cansancio de la sociedad rusa con el putinismo. Miles ya comenzaron a salir a las calles contra su decisión de invadir Ucrania.

Sin embargo, si esta vez más sale bien parado, definitivamente será el hombre más poderoso del mundo. Será un “gran” Putin aunque mida apenas 1.70. Y es probable que termine cristalizando la profecía de hace un siglo del historiador y filósofo alemán, Oswald Spengler: “la era del individualismo, del humanitarismo y la libertad está llegando a su fin. Las masas aceptarán con resignación la victoria de los césares, de los hombres fuertes, y los obedecerán”.

Temo que será Hitler, Stalin y Mussolini en un solo Putin si el mundo se lo permite.

ANDRÉS GÓMEZ VELA

Periodista y Abogado

*NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de Visor21.