Paola Zapata actualmente es candidata de APB-Súmate a primera asambleísta por Cochabamba y propone acelerar los proyectos de mejoramiento de las carreteras en ese departamento. Al ser consultada sobre sus propuestas, surgió el recuerdo de un hecho que la marcó como mujer política, cuando se atrevió a cuestionar a uno de los mitos creados por la izquierda en la región, para instrumentalizar a los pueblos indígenas.
“La labor desde la Asamblea Departamental es legislar y aprobar tanto los recursos como los proyectos de infraestructura de integración vial para Cochabamba, para mejorar la conectividad hacia otros departamentos y se r el centro de distribución hacia los polos portuarios en el Pacífico y Atlántico”, explicó la candidata.
En ese marco, Zapata recordó el proyecto desarrollista y depredador que planteó el régimen del MAS para Cochabamba desde su llegada al poder, y que luego motivó el rechazo de los pueblos indígenas, porque la llamada carretera por el TIPNIS solo pretendía dividir ese parque natural, ampliar los cultivos de coca y fomentar la invasión de los grupos interculturales en zonas como Villa Tunari. “Nosotros planteamos una defensa total de la propiedad privada, en este caso, de la propiedad de los territorios de los pueblos indígenas. Por tanto, todo proyecto deberá cumplir con ese estricto respeto para ser avalado desde la Asamblea Departamental”, acotó.
La joven cochabambina, quien fue diputada nacional entre 2010 a 2015, rememoró su apoyo a los indígenas del TIPNIS, no solo durante la marcha de 2011, sino también después, cuando junto a sus colegas parlamentarios activaron la iniciativa de recolectar cartas con firmas de apoyo para que la marcha indígena sea nominada al Premio Nobel de la Paz.
Zapata, quien se declara militante de las ideas de la libertad, lamentó que aquel objetivo no se haya logrado y cuestionó, por ejemplo, que la premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, negara su apoyo al TIPNIS por su dependencia ideológica, cuando tuvo la oportunidad de ser una voz para los indígenas bolivianos.
“Fue una decepción para todos que una premio Nobel, conocida por su discurso de defensa de los derechos indígenas, nos haya rechazado en esa iniciativa a favor de los marchistas del TIPNIS. Pudo más su sesgo ideológico y afinidad con Evo Morales y el castro-chavismo, que su compromiso natural con estas comunidades que lograron defender su territorio de forma pacífica, con orgullo y valentía”, concluyó.
EL MITO MENCHÚ

Durante muchos años, Menchú fue tratada con respeto y admiración, porque su figura representaba la lucha étnica de las mujeres indígenas guatemaltecas y era perfecta para retratar a ese “nuevo sujeto histórico” de Latinoamérica, un término que las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) de izquierda habían comenzado a usar desde la caída del Muro de Berlín.
La activista guatemalteca del grupo maya quiché, fue condecorada con el galardón del Comité Noruego en 1992, declarado de forma coincidente como Año Internacional de los Pueblos Indígenas, y en su discurso acusó a la “persecución europea” contra los pueblos indígenas, aunque también abogó por la desmilitarización de su país.
Con esos antecedentes de promotora de los derechos humanos y los derechos de los pueblos originarios, Menchú llegó a Bolivia en 2012 con toda la expectativa favorable sobre su figura. Sin embargo, su paso fue controversial.
MARCHA DEL TIPNIS

Un año antes, el anuncio del proyecto carretero para conectar a Villa Tunari en Cochabamba con San Ignacio de Moxos en Beni, con la Ruta 24, había activado las alarmas de los pueblos indígenas de tierras bajas, sobre todo aquellos asentados en uno de los principales parques naturales del país.
Los pobladores del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), se declararon en emergencia y en agosto de 2011 iniciaron la VIII marcha indígena para llegar a la Sede de Gobierno y obligar al entonces presidente del Estado, Evo Morales, a dejar sin efecto ese proyecto. El tramo cuestionado iba a partir en dos al TIPNIS, además de acusar el financiamiento de la denominada Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional en Sudamérica (IIRSA).
La marcha por la defensa del TIPNIS llegó hasta la población de Chaparina y el 25 de septiembre de aquel año, el grupo de indígenas, incluyendo a mujeres y niños, fue reprimido de forma violenta por un contingente policial, al día siguiente de la visita al lugar del canciller David Choquehuanca. El ministro de Gobierno de aquel año, Sacha Llorenti, fue responsabilizado por el operativo, mientras otros apuntaban directamente contra Morales. Al final, la versión sobre una “ruptura de la cadena de mando” evitó que la investigación avance más allá de los mandos medios policiales.
Los marchistas, encabezados por los caciques Adolfo Chávez y Fernando Vargas, al final pudieron arribar a La Paz, entrar a Palacio de Gobierno y obligar a Morales a firmar un compromiso para no intervenir con proyectos de infraestructura dentro del TIPNIS. Ese hito marcó una derrota para el denominado “primer presidente indígena” y su propio mito comenzó a derrumbarse.
Un año después, el 20 de septiembre de 2012, Menchú llegaba a la plaza Murillo para recibir todos los honores de la Asamblea Legislativa y entrevistarse con Evo Morales. La presidenta de la Cámara de Diputados, Rebeca Delgado, quien todavía era fiel militante del MAS, le entregó la condecoración “Medalla al Mérito Democrático Marcelo Quiroga Santa Cruz” entre aplausos de oficialistas y opositores, excepto una diputada.
Paola Zapata, quien fue electa al Legislativo como representante por el departamento de Cochabamba en la coalición Convergencia Nacional de Manfred Reyes Villa y Leopoldo Fernández, había activado meses antes la propuesta de nominar a los marchistas del TIPNIS al premio Nobel de la Paz de ese año.
De esa forma, la legisladora cochabambina intentó entregar una carta a Menchú para que la guatemalteca pueda hacer gestiones para la nominación de los representantes indígenas de Bolivia. Sin embargo, no solo fue rechazada sino que luego la Nobel 1992 declaraba ante las cámaras de televisión que “no conocía el tema” y que los problemas internos entre el Gobierno y los pueblos indígenas debían ir por la vía del diálogo “para una solución pacífica y respetuosa”.
“Le hemos presentado esta carta y Rigoberta Menchú no se ha querido sumar a sus hermanos y compañeros indígenas bolivianos que han sido agredidos por este Gobierno”, deploró en su momento la diputada Zapata.
Menchú ya había estado dos semanas antes en La Paz, para participar de boda del entonces vicepresidente Alvaro Garcia con la presentadora de televisión Claudia Fernández, en una ceremonia “andina” en el centro ceremonial de Tiwanaku.
Zapata ironizó el rechazo de Menchú a la carta sobre la postulación de los indígenas del TIPNIS al Nobel, “porque no venía acompañada con un ají de fideo”, aludiendo al plato comunitario que se sirvió en el matrimonio del exmiembro de la célula irregular EGTK.
Finalmente, Menchú fue consultada si apoyaría una nominación de Morales al mismo premio internacional. “Sería un gran honor patrocinar la candidatura, ¿por qué no?”, respondió.
MILITANTE DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

Menchú, con el paso de los años fue militando cada vez más en la izquierda radical del socialismo del siglo XXI. En 2009, en un encuentro de líderes en Quito, Ecuador, ya había expresado su satisfacción por la reconfiguración del mapa político y señalaba a Morales como una “esperanza” para la región.
La activista también fue convocada a participar en el encuentro de partidos políticos inscritos en el Foro de Sao Paulo, que se realizó en Managua, Nicaragua, en febrero de 2014, con una agenda de denuncia al “intento de golpe” de Estados Unidos contra el presidente venezolano Nicolás Maduro. “Creo que está muy claro para nosotros que la intención es socavar el gobierno de nuestro hermano Nicolás Maduro, es intentar socavar ese proceso bolivariano que se distinguió en toda América Latina por el comandante Hugo Chávez”, dijo.
Un mes después fue invitada a la conmemoración del primer año de la muerte del dictador venezolano Hugo Chávez, en Caracas. “Tenemos que apostar por la paz, como lo hacía Chávez y como lo ha convocado ahora el presidente Maduro para Venezuela y toda América Latina”, expresó y añadió: “Queremos decirle a Maduro que cuente con nosotros, estamos de su lado y junto al pueblo venezolano”.
Menchú había intentado ser candidata presidencial en su país en 2007, con el frente de izquierda Encuentro por Guatemala, pero la III Cumbre Indígena Mundial decidió no apoyarla, porque sectores indígenas “no se sentían representados por el proyecto”, según cita un artículo del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH).
En 2011 logra su postulación con la alianza partidaria Frente Amplio Guatemala, pero pese a toda su fama, Menchú apenas alcanza el 3,27 % de los votos.
El escritor estadounidense David Horowitz, detractor del “mito Menchú” ya había señalado a la activista guatemalteca como partidaria de la causa castrista desde la década de los 80s, y por ello es que para ella siempre hubo “indígenas buenos e indígenas malos”, según su sesgo político e ideológico.


