Desgaste crítico en planta de urea pone en jaque sostenibilidad de todo el complejo

La planta de urea en Bulo Bulo agoniza entre paros y costos altos de operación. Pese a generar ingresos por exportaciones, la operación intermitente del complejo ha acelerado el desgaste de catalizadores y equipos críticos, comprometiendo su sostenibilidad a largo plazo. Actualmente, la joya de la industrialización requiere una inyección urgente de capital para mantenimiento que amenaza con devorar sus propias utilidades.

La Planta de Amoniaco y Urea de Bulo Bulo no solo es un agujero negro financiero en tiempos de baja producción; es, sobre todo, una máquina devorada por el tiempo. Mientras los balances oficiales de YPFB insisten en una ficción contable de 20 años de vida útil, la realidad en el campo de operaciones dicta una sentencia mucho más severa.

El complejo sufre de una “vejez prematura” provocada por la desidia operativa. Un informe técnico de 2020, revelado por EL DEBER, ya lanzaba una advertencia de naufragio: las constantes paralizaciones y la falta de mantenimiento adecuado habían cercenado el horizonte de la planta, reduciéndolo drásticamente a solo 16 años.

En la actualidad, ese margen es un enigma enterrado bajo el hermetismo oficial. Ante la consulta para este reporte, la actual administración de la estatal petrolera fue incapaz de precisar cuánta vida le queda al proyecto petroquímico más ambicioso del país. En Bulo Bulo, el silencio de las máquinas solo es superado por el silencio de sus responsables.

El emblema de la industrialización hidrocarburífera de la era Morales, inaugurado en 2017, ha fallado en cumplir sus parámetros de diseño. De acuerdo con el informe, aunque fue concebida para una operación continua de alta intensidad, la realidad operativa ha estado marcada por la inestabilidad. La alternancia entre paros prolongados y arranques frecuentes ha generado un estrés mecánico imprevisto, acelerando el deterioro de la infraestructura sensible y comprometiendo la eficiencia de la inversión estatal.

La viabilidad técnica de la planta de Amoníaco y Urea en Bulo Bulo cuenta con un respaldo clave. Un reciente informe de la firma británica Johnson Matthey confirma que los catalizadores —motores químicos del proceso— operan con una eficiencia que asegura la producción a corto y largo plazo.

No obstante, el informe advierte que la intermitencia operativa —caracterizada por ciclos térmicos constantes y fluctuaciones de presión— puede erosionar la vida útil de los equipos entre un 30% y un 40%. Esta estimación técnica coincide con los estándares de Haldor Topsoe, referente global en ingeniería de catalizadores.

El experto advirtió que se han omitido las evaluaciones integrales de los catalizadores, un protocolo mandatorio en complejos de esta envergadura para diagnosticar el desgaste de equipos críticos y proyectar su vida útil. Según el especialista, la ausencia de estas revisiones técnicas responde a una falta de contratación motivada por los altos costos del proceso.

Un factor crítico detectado es la filtración de amoníaco hacia el ciclo de agua de la caldera, anomalía que ha disparado los niveles de pH y el consumo de aditivos químicos. Esta reacción química deriva en la sedimentación de compuestos minerales que obstruyen los conductos. Según el informe técnico, la presencia de tubos bloqueados y con daños estructurales ya es una realidad, comprometiendo seriamente la integridad operativa del sistema.

A la pesada estructura de costos fijos se suma un imperativo técnico: el mantenimiento preventivo. Preservar una infraestructura petroquímica de alta complejidad no es opcional si se quiere evitar el óxido y la obsolescencia. Aunque YPFB mantiene bajo reserva el desglose por unidad, expertos del sector industrial estiman que este rubro exige entre 8 y 15 millones de dólares anuales. Si a esto añadimos la planilla de personal especializado, protocolos de seguridad y servicios básicos —otros 5 a 8 millones—, la aritmética del déficit es implacable: la planta de urea consume entre 60 y 70 millones de dólares al año antes de que la primera tonelada salga de la línea de producción.

//FUENTE: EL DIARIO / ED//