Degradación de la política boliviana

El fin del ciclo “masista” es, sin dudas, algo positivo para la nación. Durante mucho tiempo el socialismo se ha encargado de destruir a la nación en todos los ámbitos posibles. Por ende, con un nuevo gobierno se esperaría que las cosas vayan mejorando, cosa que está pasando, salvo en marcadas situaciones. Una de estas es todo lo referido a la política, que cada día parece hundirse más y más en la mediocridad.

Basta ver la lista de candidatos a las elecciones nacionales y subnacionales para ver que los “animadores” de la política son todo, menos “políticos natos”. Si hay una palabra que pueda definir la percepción que tengo hacia muchos de ellos es desagrado. Y, ojo, esta vez sin involucrar colores políticos o posturas ideológicas, sino por los comportamientos, las formas y la implementación de cualidades políticas. La arena política hoy, en vez de parecer un duelo en el cual estén presentes los mejores hombres de Bolivia, parece más bien un circo de quinta categoría. Hoy los políticos no imponen respeto, sino burlas.

A mí, en lo personal, la política me fascina y creo que definirla es algo complicado. Pero la definición más acertada es la que nos da Aristóteles: “es el arte de gobernar y buscar el bien común de los ciudadanos”. Es además el arte de debatir, de plantear ideas, de generar políticas públicas y, sobre todo, de guiar a un país hacia un mejor futuro.

También es un espacio de competencia ardua, en donde gana el que mejor implementa una serie de cualidades que son imprescindibles para triunfar en la política.

Uno esperaría, entonces, que en la política participen hombres intelectuales, bien formados, serios, con carácter, carismáticos y sobre todo que tengan amor por su nación. Uno esperaría ver actos multitudinarios, donde una idea logre cautivar a todo un pueblo o ver a líderes que den seguridad, tanto interna como externa. Los que odian la política es porque no la entienden ni la ven en su estado natural, el cual está ligado al reconocimiento, al poder y al servicio público.

El declive político es general en el mundo, muchos líderes mundiales ya pocas cualidades poseen, si es que ninguna. De igual forma la “batalla de ideas” ha quedado relegada y los políticos de hoy se preocupan más de velar por intereses personales que los nacionales. Si bien hay líderes como Trump, Putin, Xi Jinping u Orbán, que son excepcionales y poseen magníficas cualidades políticas, no son más que una excepción.

Antes ser político significaba ser inteligente, tener un buen nivel de oratoria, tener una buena visión, pero sobre todo estar dispuesto a servir a su pueblo. Hoy ser político en Bolivia no puede definirse de otra forma que ser un bufón.

Esto no siempre fue así, hubo épocas cuando los políticos bolivianos eran respetados y cultos, preparados, pero sobre todo muy astutos. Los legisladores entonces sí merecían ser llamados “honorables” y nadie podía poner en duda su idealismo y determinación.

Este declive, pienso yo, ha iniciado en la década de los ochenta, pero ha llegado a grados preocupantes en los últimos años. No solo lo digo por muchos legisladores socialistas, sino también por la que fue una oposición pusilánime, sin visión y con pocas ganas de evitar el colapso del país. Se ha vuelto común ver que los políticos hagan “disparates” y payasadas con tal de ganar popularidad o un poco de simpatía. De igual forma, es habitual escuchar que digan tonterías que muestran su poco conocimiento de la realidad nacional.

Lograr una Bolivia grande, próspera, fuerte y unida jamás será posible mientras la mediocridad no sea extirpada de la política nacional. Jamás podremos llegar a ser una potencia regional mientras los que pertenecen a un show de comedia de octava categoría sean los representantes del pueblo. Bolivia debe despertar, ya basta de mediocridad y farandulería, una transformación política radical es necesaria y debe empezar a ser planteada lo más rápido posible.

  • FABIÁN FREIRE
  • Escritor. Estudiante de Ciencias Jurídicas. Columnista en El Diario.
  • *NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21