Cambio de nombre a calles, causa del ataque ruso a Ucrania

LUIS ANTEZANA 

El mundo político está cambiando, ¡No hay la menor duda! Antes las guerras se producían por motivos sustanciales, como ser diferencias de sistemas, grandes principios políticos, diferencias limítrofes, la distribución del planeta, la propiedad de la tierra y otras. Pero ahora las guerras se producen por causas de “escala mayor”, como es el caso de la guerra que desató Rusia contra Ucrania.

En efecto, Rusia declaró la guerra a Ucrania no por esas causas de gran cuantía, sino debido a una causal considerada por los rusos de “máxima” cuantía. Esa peligrosa causa es que Ucrania está cambiando los nombres de algunas calles de Kiev, según sostiene la Embajada de la Federación de Rusia en Bolivia, en una nota solicitada que aparece en un periódico local.

Esa misión explica la cuestión “para que se entienda mejor el enfoque de Rusia” y agrega que “Ya es hora también de comentar las insistentes declaraciones sobre (el) carácter “no provocado” e “injusto” de las acciones rusas en Ucrania”. En efecto, esa embajada revela que una causal es la actitud de Ucrania de cambiar nombres a las calles de Kiev, su capital. Textualmente señala lo que sigue:

“En el marco de creación de una “AntiRusia” se promovían ideas nacionalistas. En ese sentido, resultan simbólicos los cambios de los nombres de las calles en Kiev. La avenida que llevaba el nombre de del héroe de la URSS Nicolai Valutin – durante la Segunda Guerra Mundial…. se le dio el nombre de Sujevyich, involucrado en las masacres de rusos, polacos y judíos. La avenida Moscú se convirtió en la de Bandera, organizador de atentados terroristas. Se resucitó la pandilla “Piast” en la que se entrenaban a su tiempo los arriba mencionados…”. (Sic).

Se cita, además, otras causas en vez de la anotada, siendo la citada la que llama la atención.
Resulta, pues, que por cambiar de nombres a algunas calles y avenidas se debe declarar la guerra al país vecino, para que, naturalmente, después se vuelva a poner el nombre antiguo y todo quede solucionado y los discordes lleguen a la concordia. Pero, a la vez, para corregir ese “error” de los nombres de las calles, previamente hay que olvidar el derecho de autodeterminación de los pueblos y para efectivizar ese deseo, bombardear grandes ciudades, cometer genocidios y todo lo demás que se publica en la prensa y frente al asombro mundial por resolver asuntos de mínima cuantía con bombardeos de misiles, aplicar la táctica de tierra arrasada a una pequeña nación, para arrebatarle su principio de independencia nacional, negarle que luche contra la opresión colonial y manejarla con una especie de neofascismo, como revelan los hechos.

No se deja de recordar que el nacionalismo ucraniano no es una posición de último momento. Viene desde hace siglos y es una corriente política invencible, por más que se aniquile a todo un pueblo. No pudieron con él los zares del tiempo de Iván el Terrible, Pedro el Grande y menos Stalin que anexó a Ucrania durante treinta años, acción que se derrumbó como un bloque de plomo al desintegrarse la Unión Soviética, no por obra externa, sino como necesidad interna de libertades nacionales y democráticas.

LUIS ANTEZANA ERGUETA

Escritor e Historiador

*NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21