Bajar sueldos no resuelve mediocridad legislativa

Las últimas semanas han estado marcadas en torno al debate sobre la reducción de sueldos de los legisladores. Esta propuesta, calificada por muchos como “revolucionaria”, está siendo respaldada por múltiples sectores que creen que es momento de reducir las ganancias del sector público. La propuesta, en teoría, busca reducir los salarios de los parlamentarios para que, de esta forma, solo aquellos que sí estén interesados en servir a su país y no busquen grandes sumas de remuneración entren al Legislativo.

Puede que para muchos la propuesta sea interesante, pero a mí no me convence y creo que sería un craso error. No solucionaría el problema político actual, pues para resolverlo se necesitan medidas más extremas, pero también más especializadas.

La idea de salarios altos en el sector público nace con la Ley SAFCO. La idea era simple: atraer a la gente más competente a la administración pública para que ésta sea de calidad. Esto, a su vez, complementado por un control riguroso en el cual, de cometer irregularidades, el funcionario debía afrontar procesos en múltiples vías.

Se puede decir que la SAFCO funcionó en los primeros años de su implementación. Evidentemente, los problemas de corrupción no iban a ser resueltos de un día para el otro y se necesitaban otras medidas complementarias. Empero, la llegada del MAS al poder y la complicidad de otros actores políticos generaron que la institucionalidad vaya perdiéndose poco a poco, hasta llegar a la situación actual. Ojo, no estoy atacando a todos los funcionarios públicos, pues muchos son capacitados y aptos, pero eso no quita que el MAS haya politizado ampliamente la función pública y haya puesto a dedo a militantes en vez de a personal calificado, que sigue presente, pero no en el grado que debería.
Estas acciones, sumadas al craso error de aumentar el tamaño del Estado, generaron un gran déficit para Bolivia, pero también instituciones ineficientes que muy poco aportan al país. La SAFCO fue pensada para un Estado de peso “normal”, no para el “gran monstruo” que tenemos ahora.

Respecto al tema de los legisladores, pienso que el sueldo debería ser alto también, la solución a la decadencia política, la falta de visión y de patriotismo no pasa por un tema de remuneraciones. La política actual no está como está por un tema de salarios, sino por un tema de mediocridad política, en la cual hoy cualquiera se cree capaz de “representar al pueblo”. Hoy cualquiera entra a la arena política y poco o nada sabe de las necesidades del país, tanto internas como externas. Para colmo, si hablamos de cualidades políticas de los legisladores, queda claro que la gran mayoría no las tiene.

Evidentemente, sanear la política boliviana es un trabajo y un proceso largo, pero creo que se debe aplicar ciertas medidas para iniciar con esta limpieza. Mi propuesta es que los candidatos a legisladores deberían cursar un examen que mida sus cualidades, atributos y habilidades políticas. En éste deberían ser incluidas cosas como el conocimiento que tienen sobre geopolítica o la historia del país, pero también medir cualidades como la oratoria o la capacidad organizativa política. Finalmente, también poner a prueba las capacidades para legislar y poder plantear una visión de país completa.

Esta propuesta que hago, al no ser tan elaborada, peca de muchas falencias, pero creo que como “un primer borrador” es de utilidad.

Reitero, el problema no es respecto al sueldo de los legisladores, sino a la calidad de los mismos. Y de llegar a hacerse realidad esta reducción, ¿qué nos garantiza que entre gente capacitada y con conocimiento político? ¿Qué nos garantiza que se “limpie” el sistema político y Bolivia pase a contar con hombres que sí puedan potenciarla? El problema a atender es mucho más grande que un tema remunerativo y debe pasar por la aparición de una nueva clase política, nuevos líderes y nuevos partidos.

  • FABIÁN FREIRE
  • ESCRITOR. ESTUDIANTE DE CIENCIAS JURÍDICAS. COLUMNISTA EN EL DIARIO.
  • *NDE: LOS TEXTOS REPRODUCIDOS EN ESTE ESPACIO DE OPINIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL LIBERAL Y CONSERVADORA DE VISOR21