Francisco de Asís, el Santo que revolucionó la Iglesia

«Francisco no criticaba el materialismo en sí mismo, sino algo más profundo»

Dante Alighieri el supremo poeta italiano dijo de San Francisco “El sol nacido en Oriente para traer luz a un mundo sumido en la oscuridad de la corrupción”.

Francisco fue el primer ecologista atento a la protección de la creación y, sobre todo un punto de inflexión frente al dogmatismo del XIII siglo y un defensor de la pobreza absoluta frente a los poderosos de la época. Recordando el 800 aniversario de la muerte del Santo Patrón de Italia, la mejor manera de recordar a esta figura histórica, es despojarlo de una serie de etiquetas que corren el riesgo transformar su testimonio en una ideología apta para cualquier cargo, independientemente del contexto simplificado cuando la realidad se presenta mucho más compleja.

Francisco eludió cualquier reducción ideológica, permaneciendo como un misterio, porque, al final las etiquetas están destinadas a cristalizar, mientras que la suya sigue siendo un ejemplo vivo incluso hoy, ocho siglos después.

Cuando el Cardenal Jorge María Bertoglio, ascendió al trono papal, sorprendió al mundo entero al elegir por primera vez en la historia de la Iglesia el nombre de Francisco, conocido por todos como el “pobre de Asís”.

El Santo se despoja de sus finas vestiduras en la principal plaza de Asís ante su padre, un acaudalado comerciante textil pasando a la historia como promotor de la pobreza material, impregnada de desprecio por la riqueza. La figura de Francisco surge en una época bien definida: el siglo XII, también conocido como la edad de oro del papado, la época de su mayor influencia, incluso desde una perspectiva temporal. Ante la riqueza desenfrenada, surgieron en el pueblo una serie de movimientos llamados pauperistas, caracterizados por una crítica impecable de los bienes materiales de los hombres de Dios y basados en una interpretación del Evangelio y la pobreza de los primeros discípulos. Francisco no criticaba el materialismo en sí mismo, sino algo más profundo. El “Cántico de la Criaturas” (Il Cántico delle Creature) es un himno a la materia entendida como la creación que refleja la belleza de Dios, por lo tanto, no hay controversia contra la riqueza en sí misma, sino sobre el uso que se hace de ella.

En forma externa su experiencia casi podría parecerse a la de los cátaros, sin embargo, mientras los cátaros vivían en la pobreza absoluta en abierta disputa con la jerarquía, Francisco, permaneciendo dentro la Iglesia, tuvo la fuerza espiritual para reformarla desde dentro, redescubriendo la esencialidad del mensaje evangélico basado en la confianza total en la divina providencia.

Entre los episodios canónicos que más se recuerdan está su viaje a Tierra Santa durante el terrible asedio de Jerusalén (1219-1220), en este viaje Francisco encontró al Sultán, que acogió con mirada bondadosa a este extraño fraile descalzo mientras anunciaba el Evangelio a los musulmanes, todos considerados hermanos, sin odio hacia los diferentes. Ante el Sultán no busca aprobación, sino que se presenta con su verdadera naturaleza.

Y en el “Cántico de las Criaturas”, dictado en los últimos momentos de su vida, cuando ya ciego e indefenso, Francisco se disponía a dejar esta tierra, la misma muerte es definida como “hermana”, hasta el punto de alabar a Dios por haberla  dado. Es una etapa de la vida terrena, pero no hay miedo, sino que se convierte en la última criatura divina alabada por el Santo.

  • (*) LOS TEXTOS PUBLICADOS EN ESTE ESPACIO DE LIBERTAD DE EXPRESIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL LIBERAL Y CONSERVADORA DE VISOR21