«El mito del hombre nuevo se debe reemplazar por el redescubrimiento del hombre por sí mismo»
No basta con ver las sombras que se proyectan en la pared para comprender lo que sucede afuera.
Los demonios oscuros que se posan en las penumbras, agrandan sus cuerpos, afilan sus fauces y garras, se encumbran como verdaderos entes monstruosos capaces de devorar a un simple mortal con un pequeño esfuerzo.
Esos demonios dibujan rostros siniestros como estos:
- El capitalismo es un sistema injusto donde los más poderosos que son minorías se imponen a los más pobres y desvalidos que son las grandes mayorías.
- La competencia no asigna eficientemente los recursos, sino ratifica la supremacía de los más poderosos dejando al resto en inferioridad de condiciones.
- El Estado crea los derechos, defiende su cumplimiento y los administra bajo criterios de justicia social, poniendo a su servicio todos los demás campos de la realidad social, entre ellos la economía.
- El bien común o colectivo siempre se impone ante el bienestar individual, por tanto, pensar en que el individuo debe velar primero por sus intereses es un acto inmoral cargado de egoísmo completamente desafortunado, ajeno a la convivencia pacífica y civilizada de la sociedad.
- El fracaso es un resultado doloroso y traumático, subsanable si alguien como el Estado allana el camino para todos los individuos igualando las condiciones de partida y con esto el resultado con total certeza de éxito.
El primer paso es reconocer la individualidad y separar el yo del nosotros.
El segundo paso es dar los primeros pasos y con estos los tropiezos y caídas que vayan a venir. De las heridas, los raspones, los moretones, el cuerpo sana, pero la mente aprende. Lidiar con el dolor y avanzar.
El tercer paso es trazar un recorrido hacia la luz. Despojarse de la comodidad y confort del pequeño espacio conocido para introducirse en el frío callejón de lo incierto.
Para ello puede pertrecharse de una antorcha impulsada por su amor individual y encendida a partir de la chispa de la oportunidad. A los demonios del pasado, reflejo de una luz lejana totalmente difuminada, esta antorcha los termina por hacer retroceder al limbo de la oscuridad absoluta.
Poco a poco los ojos se acostumbran a la luz, sin olvidar lo que creyeron ver en la penumbra casi total.
A medida que avanza, las caídas disminuyen, las heridas se reducen y el cuerpo gana una pericia y agilidad nunca antes vista. Al llegar al umbral de la cueva, uno se detiene para contemplar su travesía; la sorpresa surge cuando se percata que en lo profundo de la oscuridad otros le siguen a partir del ruido de sus pasos, los gritos de dolor y la exclamación de satisfacción.
El mito del hombre nuevo se debe reemplazar por el redescubrimiento del hombre por sí mismo. Una búsqueda que no depende de nadie más que uno; así es como un liberal surge. Mirando al abismo, encarando a los demonios en la oscuridad con una sonrisa en los labios.
Esa travesía, en mi caso, me llevó de ser un economista convencional extraviado en el mainstream a encontrar su individualidad a través de la inconformidad. Desmarcándose de la masa. Escribiendo sus pensamientos en el aire. Reclutando a otros inconformes, implantando la semilla de la duda.
Hoy, como Director de Desarrollo Productivo y Empresarial en el Municipio de Sucre, puedo decirles que no existe arrepentimiento en las decisiones tomadas. Lo que queda es una ruta transitada que hoy, volviendo mis pasos, cobra sentido pero aún se encuentra incompleta.
Probablemente como sus caminos y travesías. Ser liberal no es una posición política, es una filosofía de vida que demanda compromiso y fortaleza ante la adversidad.
Es ahí donde la economía afianza raíces profundas que hacen la diferencia entre una simple aldea y una compleja metrópoli moderna.
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