«Rebélate y lucha» es el mensaje que la organización de extrema izquierda denominada Grupos de Acción Popular (GAP) difunde dentro y fuera de los liceos de Santiago de Chile. Con esta maniobra pretenden resurgir, tras casi tres décadas de la desarticulación política del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y el repliegue del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP). ¿El fin? Impulsar una “lucha revolucionaria” en el país.
Su reaparición es un hecho. Afiches alusivos a la agrupación inundan las inmediaciones de seis instituciones: el Liceo Manuel Barros Borgoño, el Internado Nacional Barros Arana (INBA), el Liceo 4 Isaura Dinator, el Liceo 1 Javiera Carrera, el Instituto Nacional y el Liceo de Aplicación.
Cada cartel exhorta a enfrentar “el abandono, el engaño y las injusticias” hasta lograr “reponer una alternativa revolucionaria para el pueblo estudiantil y docente”, publica El Líbero.
“No estamos dispuestos a ser meros espectadores del potencial revolucionario que se incuba en el malestar y el descontento popular”, aseguran en mensajes que difunden con fotografías de jóvenes encapuchados que portan pañuelos rojos y una estrella blanca.
La Ley Escuela Protegidas, aprobada por el gobierno del presidente José Antonio Kast para erradicar la violencia en los colegios del país, sería el catalizador de estos numerosos llamados a la rebelión por parte de los GAP, teniendo la anarquía social como eje fundamental en su discurso.
Para la organización, la iniciativa “esconde el abandono profundo y consciente que ha dejado a las comunidades a la deriva, transformando la escuela en un espacio de represión”. Con su posición se ubican en la extrema izquierda, con radicalismos mayores a los del Frente Amplio y el Partido Comunista. De hecho, critican el progresismo del expresidente Gabriel Boric y su vocera de gobierno, Camila Vallejo.
Curiosamente, esta dinámica evoca lo sucedido en el estallido social de octubre de 2019, donde el movimiento estudiantil en la secundaria actuó de forma similar como detonante inicial. En aquel momento, el aumento de 30 pesos en el Metro de Santiago derivó en evasiones masivas y saltos de torniquetes. Sin embargo, la protesta escaló rápidamente al conectar con el lema «no son 30 pesos, son 30 años», el cual apuntaba a una desigualdad estructural, el alto costo de la vida y el funcionamiento de los sistemas de previsión, salud y educación.
El conflicto generó intensas jornadas de protesta, desmanes e infraestructura pública dañada, llevando al despliegue de las Fuerzas Armadas bajo Estado de Emergencia. Tras semanas de alta tensión social y marchas multitudinarias, la crisis forzó un acuerdo político transversal en noviembre de 2019 que abrió paso al proceso constituyente en Chile.
Los rostros e identidades de quienes están detrás de la organización son desconocidos. Sin embargo, sus acciones ya son visibles. De día, sus militantes merodean los liceos emblemáticos de Santiago donde ocurren con frecuencia protestas incendiarias o tomas. Aparte de esto, antes del inicio de las jornadas escolares, también distribuyen volantes en la entrada de las instituciones.
La fotografía de una pareja de adultos captada a finales de julio en las inmediaciones del Liceo Manuel Barros Borgoño, ubicado en la Región Metropolitana lanzando afiches de los GAP confirma el modus operandi.
De noche actúan distinto. En medio de la oscuridad, empapelan el frontis de los planteles e inmuebles aledaños con panfletos en los cuales no sólo vociferan que la nueva sociedad se construye «destruyendo las relaciones que sostienen a este sistema injusto y cruel», sino que prometen «vencer al fascismo» que, de acuerdo con la organización de extrema izquierda, promovería el presidente José Antonio Kast.
Con ambos despliegues intentan captar a estudiantes para ampliar su estructura. Incluso, revisten las calles aledañas a las estaciones del Metro de Santiago con sus carteles que también son colocados junto a las propagandas de la Célula Manuel «Choño» Sanhueza del Partido Comunista. Así lo hacen desde 1999.
Anarquismo contra el “Kastigo”
Los establecimientos cuya matrícula es de sólo niñas figuran entre los más asediados por los GAP. Uno de ellos es el Liceo 1 Javiera Carrera, ubicado a cuatro cuadras de La Moneda. Allí se contabilizan al menos 20 afiches de la organización en las paredes de la entrada.
La escena se repite en el Liceo 4 Isaura Dinator, que se encuentra en la avenida Matucana. Las huellas de la reaparición de la organización en las murallas de los recintos coinciden con el registro de 403 protocolos en el primer semestre de este año por el Servicio Local de Educación, debido a faltas graves o gravísimas. De la cantidad, 109 casos equivalentes a 27 % corresponden a “debidos procesos”, mientras que 42 % representaron sumarios internos que derivaron en 41 alumnos expulsados y 42 suspendidos.
Los últimos informes policiales filtrados por ExAnte indican que en la violencia escolar de los liceos de Chile hay “exalumnos expulsados, estudiantes de otros liceos y adultos que podrían ser universitarios o personas vinculadas a movimientos anarquistas” relacionados con los hechos de violencia.
Con sigla estratégica
Grupos de Acción Popular regresó con el impulso de una sigla estratégica en los liceos de Chile para posicionarse: GAP. Es la misma que representó a la escolta personal de Salvador Allende reunida en el Grupo de Amigos del Presidente.
En redes sociales promueven la nueva traducción de la abreviatura gráfica junto a imágenes de protestas escolares violentas, jóvenes obstaculizando el funcionamiento del transporte público y comunicados que desestiman los procesos electorales. Sostienen que “un simple voto no traerá justicia a un país donde la desigualdad es pan de cada día”.
Para las autoridades, estos GAP forma parte de las organizaciones que reivindican al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en Chile, fundado hace seis décadas que planteaba reformas graduales mediante la lucha armada como herramienta para transformar la sociedad.
La hipótesis deriva de la conmemoración que realizaran en su cuenta de Instagram a Pablo Vergara y Aracely Romo, familiares de los dirigentes del MIR Eduardo y Rafael Vergara, fallecidos en Temuco en 1988 tras la explosión de una bomba.
//FUENTE: PANAM POST//


