Falsa instauración del orden

  • «¿Será que el estado de excepción generó miedo en las filas de los bloqueadores?»

Si una cosa quería Evo Morales y los propulsores de los bloqueos era que el Gobierno reprimiera a los bloqueadores, para de esta forma pasar a victimizarse ante la comunidad internacional y organismos globalistas inservibles. De igual forma, su idea siempre fue que el Gobierno “diera de baja” a algunos bloqueadores para así aplicar las tácticas del nefasto Juan Ramón Quintana, el cual sostiene que es la sangre y la represión lo que alimenta una movilización y puede hacer que la situación escale rápidamente.

La pregunta es simple: si después de más de un mes sometiendo a la población boliviana a escasez de alimentos y a vivir en un estado de anarquía, ¿por qué, cuando por fin el Gobierno sale a poner orden, éstos misteriosamente finalizan sus movilizaciones? Muchos sostienen que es el desgaste de los bloqueadores, una postura válida y acertada en algunos puntos, pues es evidente que tanto el Gobierno como los bloqueadores jugaron al desgaste. Empero, si bien muchos bloqueadores dieron un paso al costado, muchos otros siguieron hasta los últimos días, por lo que estaban dispuestos a enfrentarse al Gobierno.

¿Será que el estado de excepción generó miedo en las filas de los bloqueadores? Es algo que dudo, ya que tristemente la mayoría de éstos no sabe ni por qué marcha. Están sometidos a las disposiciones de los dirigentes y de sus respectivos sindicatos, quienes, a través de extorsiones, amenazas o incentivos económicos, someten a sus afiliados para que éstos convulsionen el país. Muchos de los afiliados a los sindicatos u organizaciones sociales tienen más miedo a sus dirigentes y a sus disposiciones dictatoriales que al mismo Estado.

El Gobierno alega que ha salido victorioso de estas protestas y que está más fuerte que nunca. Además, bajo la propaganda estatal, ahora presentan al presidente y a sus ministros como agentes del orden y la seguridad, una falacia total. En Bolivia no se puso orden por el estado de excepción; más bien parecería ser una tregua entre el Gobierno y los sediciosos por unos meses, dado que el desgaste de ambos bandos era mutuo y se había entrado a una etapa de estancamiento político, donde ningún bando tenía las de ganar.

Parece ser que el arreglo fue simple: el Gobierno y los sediciosos llegaron a una tregua, en la que el Ejecutivo dictó el estado de excepción para aparentar que es un Gobierno fuerte, pero sin que realmente lograra instaurar el orden en nuestro país. A cambio, los bloqueadores y sus cabecillas gozarían de inmunidad plena.

Si, como intuyo, ha habido un pacto entre Gobierno y bloqueadores, esto sería fatal para el futuro de Bolivia. No solo porque muestra que el Gobierno no es capaz de poner orden, sino también porque muestra la impunidad y el poder de la mafia sindical, reforzando la idea de que tiene más poder que el aparato gubernamental.

Lo dije antes y lo digo ahora: si no se instaura orden de verdad en nuestro país, estamos destinados a la hecatombe. Grupos como la COB y sindicatos regidos bajo modelos dictatoriales deben ser disueltos, pues no benefician a su rubro, sino a su dirigencia y generan que sus afiliados vivan en un estado similar al del feudalismo. De igual forma, Argollo, Salazar, el senador Condori y más dirigentes deben ser encarcelados y enjuiciados por la destrucción de la economía nacional.

Por casi dos meses, los bolivianos y principalmente La Paz vivieron en un estado de anarquía plena, donde la escasez y la desesperación fueron algo regular. Miles de familias bolivianas no pudieron llevar el pan a su casa, miles de emprendimientos quebraron y miles de productores vieron su producción desperdiciarse. Esto no puede quedar impune y queda claro que se necesita instaurar orden de manera ejemplar en Bolivia, para de una vez finalizar la cultura del chantaje, el bloqueo, el odio y la mafia sindical.

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