Balderrama: Caída del régimen iraní supondrá un duro golpe al Foro de Sao Paulo

El economista liberal Hugo Balderrama, quien es autor de libros como “Bolivia: del golpe 2003 a la dictadura/narcoestado” y “Socialismo del Siglo XXI, crimen, dictadura y pobreza en las Américas”, fue entrevistado por Álvaro Peñas para el portal italiano La Voce del Patriota para hablar sobre la influencia del régimen iraní en Bolivia.

Precisamente, Balderrama se encuentra terminando de editar su siguiente texto “La guerra asimétrica en las Américas – Entre la Yihad global y el crimen organizado”, en un contexto marcado por las operaciones militares de Estados Unidos en Medio Oriente, que han debilitado al régimen totalitario que gobierna Irán desde finales de los años 70s y que podría tener consecuencias directas en las políticas izquierdistas de América Latina.

Finalmente, Balderrama analiza el rol del actual presidente Rodrigo Paz en este contexto de cambios geopolíticos, con una crítica a la postura tibia que se diseña desde Plaza Murillo.

A continuación, la entrevista del portal conservador italiano con el destacado economista boliviano:

¿Cómo es posible esa influencia en un país como Bolivia?

«A mediados de los 80 en Bolivia se llevó a cabo un programa de reordenamiento de la economía que le permitió superar una inflación altísima y entre los distintos gobiernos hubo un consenso para potenciar el sector privado y el libre mercado, y, al mismo tiempo, en el plano internacional se mantuvo la relación con nuestro mercado natural, los Estados Unidos, y otros países occidentales en Europa y Sudamérica. También tiene éxito, con el apoyo estadounidense, la lucha contra el crimen organizado y durante varios años se recuperan zonas que estaban bajo el control de los narcotraficantes.

El problema es que a partir de la segunda mitad de la década de los 90, las ONG empiezan a difundir con éxito una narrativa antioccidental y también indigenista, a pesar de que ese discurso de fragmentación había sido superado en Bolivia. Estas ONG, manejadas por norteamericanos vinculados al Partido Demócrata, difunden esta narrativa en los medios de comunicación y en las universidades, y empiezan a tener una influencia cada vez mayor, a la vez que justifican y apoyan a los dos focos de inestabilidad en el país: Evo Morales y los productores de coca, y la guerrilla de Felipe Quispe, en el altiplano boliviano, relacionada con Sendero Luminoso.

¿Y cuándo abandona Bolivia su senda occidental?

En el año 2003, con la caída del último gobierno democrático de Gonzalo Sánchez de Lozada y gracias a la ayuda del dinero del Chavismo que desestabiliza toda la región. En ese momento tenemos dictaduras o gobiernos autoritarios en Cuba, la dictadura madre, Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia. El objetivo es alejar el país de Estados Unidos, por lo que se rompen los acuerdos comerciales, que implicaban el apoyo en la lucha contra el crimen organizado, y también se rompe con Israel. Es entonces, cuando de la mano de Rusia, llega un nuevo aliado, la República Islámica de Irán, y sin ningún disimulo se entrega la inteligencia militar boliviana a los iraníes. El proyecto antioccidental ha tenido éxito.

¿Cómo se articuló este proyecto?

El proyecto antioccidental se articuló de dos modos. La primera es a través de las instituciones, como las Fuerzas Armadas, y, por ejemplo, los iraníes ocupan una base militar y fundan en Santa Cruz una escuela antiimperialista para la formación de oficiales de alto rango del ejército, del rango de mayor para arriba. Es decir, estamos hablando de la cúpula militar.

¿No hubo nadie en Estados Unidos que reaccionase ante esta colonización del ejército boliviano? 

Hubo un par de congresistas que sí reaccionaron públicamente, pero nada más. Hay que tener en cuenta que desde el 11-S, Estados Unidos centró toda su atención en combatir al terrorismo islámico creyendo que eran frentes separados y descuidando su política para el continente. Sin darse cuenta de que el Foro de Sao Paulo era un aliado de ese terrorismo, y la prueba es que Bolivia se alinea de inmediato con Irán. La izquierda y el islamismo radical siempre han colaborado, más que por ideas por intereses comunes, y este es otro ejemplo más.

Volviendo al proyecto antioccidental, además de colonizar las instituciones, Bolivia empieza a servir como centro de adoctrinamiento y entrenamiento para diversos grupos terroristas. Además, reclutan jóvenes, a veces prácticamente niños, a los que enfrentan con sus familias para que sean leales al Partido, al Socialismo del Siglo XXI, y, de hecho, son utilizados para hacer frente a cualquier manifestación contra el poder de Evo Morales en Bolivia. De este modo, la sociedad civil no sólo tenía que hacer frente a la policía o el ejército, sino también a estos grupos violentos.

Sin embargo, muchos de esos terroristas no permanecieron en Bolivia.  

Sí, Bolivia empieza acogiendo terroristas y luego los exporta. Patrica Bullrich denunció la llegada de iraníes a Bolivia a los que se les daban documentos bolivianos y se trasladaban a Méjico gracias a que López Obrador quitó la obligatoriedad del visado a los bolivianos. El gobierno de Chile también denunció la infiltración de grupos violentos desde Bolivia que acudieron para ayudar a la izquierda a derrocar al gobierno. El periodista estadounidense experto en crimen organizado, Douglas Farah, publicó una investigación sobre cómo estos grupos violentos se coordinaban con tecnología rusa y recibían apoyo iraní desde Bolivia para actuar en Chile.

Todos estos movimientos eran financiados desde Venezuela, ¿qué ha cambiado tras la detención de Nicolás Maduro?

Lo que está sucediendo con Venezuela es una ventana de oportunidad para todo el continente que Bolivia no está aprovechando por la tibieza del actual presidente, Rodrigo Paz. Aunque Paz tiene cercanía con Trump y se ha unido a la Operación Escudo de las Américas —una coalición militar creada por Trump en marzo y liderada por Estados Unidos y 17 países de América para combatir los cárteles de la droga y las amenazas transnacionales— es muy ambiguo. Por ejemplo, una semana después de ver a Trump, firmó un acuerdo con Lula; se declara amigo de Kast, pero luego le critica por su política de seguridad por fortalecer sus controles fronterizos. Kast se está planteando la creación de zanjas para evitar el paso del crimen organizado y la respuesta de Rodrigo Paz es que hay que tender puentes y no hacer zanjas. Una respuesta muy en la línea de la izquierda.

Paz no se está atreviendo a aprovechar la ocasión de hacer frente al crimen organizado y al Foro de Sao Paulo, y la izquierda se está reorganizando en Bolivia. De hecho, la nueva sede del Foro de Sao Paulo, si cae La Habana, se establecerá aquí porque tiene acceso a Brasil, Argentina. Ya lo dijo el Che Guevara en su momento, la revolución es muy fácil de expandir desde Bolivia por su posición geopolítica. Además, la vinculación entre el crimen organizado boliviano y grupos terroristas como Hezbollah es cada vez mayor, cooperando en las rutas de narcotráfico hacia Europa y Asia. No se puede ser tibio ante semejantes amenazas y lo cierto es que por el momento no ha cambiado nada.

La victoria de Rodrigo Paz se celebró como otra gran derrota de la izquierda, ¿no fue así?

La izquierda perdió, pero no se ha desmantelado su legado porque el gobierno de Rodrigo Paz busca la reconciliación y no hay un proyecto claro. “De ideologías no se come”, ese es el eslogan de nuestro presidente. Y en el caso de Irán, las relaciones de nuestro gobierno con la República Islámica se mantienen intactas y no se ha eliminado ninguno de los más de quince acuerdos militares firmados.

Sin embargo, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán tiene que haber mermado mucho la influencia iraní en Bolivia y en el resto del continente. 

La caída del régimen iraní supondrá un duro golpe para el Foro de Sao Paulo, ya lo está teniendo sobre todo en el campo de la tecnología militar y la inteligencia, pero la izquierda tiene desde hace décadas una fuente de financiación infinita: el crimen organizado. El crimen es un instrumento para hacer la revolución. Por eso, aunque es importante combatir a regímenes como el iraní, que es un peligro para nuestras libertades, hay que hacer frente a esta narcoizquierda. La izquierda es un virus con una capacidad increíble de mutación en todos los sentidos, y han pasado de ser ateos a ser proislámicos, o de matar homosexuales en Cuba a ser promotores del movimiento LGBT.

Pero soy optimista porque cada vez más gente es consciente del fallo que representa la izquierda y del peligro del Foro de Sao Paulo, y podemos arrinconarlos. A nivel de cultura y narrativas, la izquierda ya no tiene nada que vender a la juventud, que ya no se cree sus cuentos. Como dice Agustin Laje: “Ser de derechas se ha puesto de moda”, ahora tenemos que aprovechar esta oportunidad».