«Su elección viola un dogma fundamental, el de la monarquía hereditaria, y amenaza con generar un profundo descontento incluso dentro del clero chií de Qom»
El nuevo “Líder Supremo” de Irán es Mojtaba Jamenei, segundo hijo del Ayatolá Ali Jameini. De los pasillos secretos del poder al trono de Teherán. Un legado de sangre con su padre que desafía a la historia y al pueblo.
Nacido en Mahhad el 8 de septiembre de 1969, durante décadas ha rehuído la siempre popularidad, prefiriendo controlarlos. Y ahora, tras la muerte de su padre, el hijo predilecto se ha convertido en el tercer “Líder Supremo” en la historia de la República Islámica, tras haber forjado su poder en silencio y en los pasillos de Beite-e-Rahbari el palacio presidencial iraní y oficina de su padre, tejiendo una red mientras los presidentes pasaban y la plazas ardían.
Era el tutor de su padre, decidiendo quién podía hablar con él, qué información debía llegar a su escritorio, acumulando un poder informal pero inmerso en la sombra.
Su verdadera fuerza ha residido en su inquebrantable vínculo con los “pasdarán”. A diferencia de su padre, siempre ha sido aliado de los generales. Diversas fuentes de inteligencia han informado que comandó la represión de la “Ola Verde” en 2009 y para la “Guardia Revolucionaria”, representa una garantía de que el complejo militar-industrial iraní se mantendrá intacto.
Su elección viola un dogma fundamental, el de la monarquía hereditaria, y amenaza con generar un profundo descontento incluso dentro del clero chií de Qom. Quienes lo conocen lo describen como una figura aún más intransigente y vengativa de su padre. Su influencia se extiende desde las milicias en Irak hasta las cuentas bancarias en Londres.
Y entre los observadores, se observa que no llegó al poder para reformar Irán, sino para asegurar su seguridad. Asistió a la escuela religiosa Alavi de Teherán bajo la guía de clérigos ultraconservdores, y luego estudió teología en Qom. Entre 1987 y 1988, sirvió en el Batallón Habib ibn Mazahir de la Guardia Revolucionaria, forjando vánculos con soldados y militares que hoy ocupan puestos claves en el aparato de seguridad iraní.
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