Un político especial

El último partido entre Benfica y Real Madrid de Copa de Campeones fue inolvidable no solo por el resultado sino por el detalle de encontrar a dos viejos conocidos, Alvaro Arbeloa y José Mourinho quienes combatieron vestuario entre las temporadas 2010-2013 en la Casa Blanca.

Un gol agónico en el último minuto resume el desarrollo de un partido casi perfecto entre un equipo de segunda fila frente a la institución que define la competición entera al punto de ser un protagonista constante de la misma. Pero no estamos aquí para hablar de futbol sino de la capacidad de liderazgo y dirección de un grupo de profesionales para lograr los objetivos y metas con los recursos que se tienen todos detrás del escudo de una institución.

Jose Mourinho se ha definido como un tipo gracioso y brutalmente honesto, con una capacidad para desviar los dardos y presión hacia él donde hace gala de su capacidad de generar polémica a partir de sus declaraciones. No es un imán mediático juega en una posición fuera del campo en el que su trabajo es neutralizar ataques, ruido y polémica del vestuario para mantener el clima del vestuario limpio de este tipo de distracciones.

Resulta curioso pensar si los métodos de Mourinho que le han permitido tener un rendimiento global promedio de 68,68% en 1223 partidos en 11 clubes de fútbol europeo en Portugal, Inglaterra, Italia, España y Turquía. Con dos títulos de Liga de Campeones, 1 Campeonato de Liga Europea, 1 Campeonato de Liga Conferencia, 3 veces campeón del a Premier League inglesa, 1 vez Campeón de la Liga Española, 2 veces Campeón de la Liga Portuguesa, 2 veces campeón de la Liga Italiana, Campeón en la Copa F.A, Copa de Italia, Copa de Portugal y Copa de España sin tomar en cuenta las supercopas en Inglaterra, Portugal e Italia. Es decir, los resultados están ahí para revisarse.

¿Por qué en política es difícil analizar el desempeño de las autoridades?

Normalmente se toma en cuenta la ejecución presupuestaria como un logro en sí, el que gasta todo el presupuesto asignado es el más eficiente y se vende esa imagen al pública, tanto así que se termine por aceptar sin embargo aquí puede darse el paralelismo con un director técnico, una buena campaña dependería de que estratega gasta más en fichajes y mejorar la plantilla, sin importar los resultados. No tiene nada de sentido.

Otro elemento que pasa desapercibido es que las autoridades asumen un rol de intocable en el que los errores de gestión son producto de algún subalterno y jamás llegan a tocar su intachable figura de autoridad. Si bien, esto a la larga puede traducirse en un capital político medianamente estable con el cual mantener cierto nivel de gobernabilidad a lo largo de la campaña o mandato de 5 años. Volviendo al estratega deportivo, esto equivale a descargar la responsabilidad de un mal planteo estratégico a sus ejecutores, aunque mandar al frente a los jugadores luego de una derrota no es una solución que permita luego que el vestuario mantenga su cohesión es necesario reconocer el mérito de los jugadores y asumir la derrota a nombre del equipo.

Lo que sucede en la política es que la autoridad se arroga méritos como si se tratase de una máquina de un solo hombre que cumple todas las funciones al interior de la institución, sin el reconocimiento público de directores, secretarios, funcionarios de planta es imposible generar incentivos a través del reconocimiento público porque todos son monopolizados por la figura de autoridad.

En el mundo del futbol es frecuente escuchar “me equivoque”, “cometí un error en el planteo”, “asumo la responsabilidad de la derrota” mientras en el mundo de la política “nosotros hemos fallado en algunas políticas de la gestión” “nosotros somos humanos, también nos equivocamos” “alguien no está haciendo su trabajo vamos a corregir” de boca de la máxima autoridad. Esto muestra un cambio en la lógica acerca de los logros y las derrotas, los logros se personalizan en la máxima autoridad, mientras sus malas decisiones se socializan y trasladan a los mandos inferiores.

Con seguridad, el ciudadano promedio puede darles más de 10 nombres de jugadores, asistentes de campo, médicos, preparadores físicos, directores deportivos en el mundo del futbol que 10 nombres de funcionarios, directores o secretarios en instituciones públicas que brillen por luz propia. La personalización de las instituciones públicas hace de la política un dilema entre caudillos a diferencia del futbol donde la institución deportiva prevalece por encima de los nombres que sirvan, es decir no hay director o estratega más grande que el club que lo contrata.

Finalmente, la honestidad brutal con la que José Mourinho se refiere a los distintos asuntos que hacen al día a día del futbol es una cualidad que no tiene cabida en la política. Porque un político vive de la insinuaciones, las medias verdades, respuestas predeterminadas a preguntas incomodas, donde la mentira no es aceptable en su lugar se habla de la corrección política. No se puede decir esto o aquello por las implicaciones que puede tener en otros actores políticos, el juego de las apariencias cuando la objetividad y los hechos concretos deberían primar.

Si se utilizase un esquema de evaluación deportiva a las gestiones políticas con total seguridad nos sorprendería evidenciar que el nivel de efectividad es mínimo o nulo comparado con el rédito del capital político acumulado de verdaderos empresarios de los favores y las influencias, donde el poder se traduce en rentabilidad y los logros de gestión viven en los discursos y spots publicitarios de la maquinaria propagandística. Irónicamente lo único que realmente produce en las instituciones públicas.

Políticos Especiales son requeridos por el nivel de respeto que tienen a su profesión, a la institución y a los que se dirige a través de su autoridad.

  • CARLOS ARMANDO CARDOZO LOZADA
  • ECONOMISTA. MIEMBRO FUNDADOR FUNDACIÓN LOZANÍA
  • *NDE: LOS TEXTOS REPRODUCIDOS EN ESTE ESPACIO DE OPINIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL LIBERAL Y CONSERVADORA DE VISOR21